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El término lo introdujo E. Bleuler para referirse a los sujetos que presentan una escisión entre las funciones emotivas y las intelectivas, en las que él identificaba uno de los rasgos típicos de la esquizofrenia.


Posteriormente lo adoptó E. Krestchmer para indicar el tipo psicológico con los rasgos característicos de la esquizotimia, que en caso de psicosis desarrolla más fácilmente la esquizofrenia que la psicosis maníaco-depresiva, a la que en cambio está predispuesto el ciclotítimico. Por extensión el término se refiere a una persona distante y desconfiada, más inclinada hacia los contenidos fantásticos que hacia los datos de la realidad.


M. Klein usa la expresión "esquizoparanoide" para indicar una posición del desarrollo libidinal caracterizada por la escisión del objeto en "bueno" y "malo", con introyección de los objetos buenos y proyección de los malos.


W.R.D Fairbairn denomina "esquizoide" la posición que Klein había llamado "esquizoparanoide", y la describe como esa experiencia de la primera infancia en la que el niño interpreta la frustración como prueba de que su amor es destructivo; para defenderse utiliza una escisión del yo en un "yo libidinal", que está unido a una imagen buena y acogedora del seno, y un "yo anti-libidinal" vinculado a una imagen mala y rechazante del seno. Por extensión del uso infantil de estas defensas se llama "esquizoide" la personalidad que en la edad adulta recurre a ellas, adoptando escisión , denegación , introyección , proyección para defenderse del sentimiento de culpa y de la depresión.



R.D. Laing utiliza el término con esta aceptación:

"El yo, en la organización esquizoide, es por lo general mas o menos incorpóreo, es decir, es vivido como una entidad mental y se encuentra en la condición que Kierkegaard llamo 'cerrazón'. El individuo no vive sus acciones como otras tantas expresiones de si mismo sino que estas, disociadas y parcialmente autónomas, forman el sistema del 'falso yo'. El yo no se siente participe de estas acciones; por el contrario, estas parecen cada vez mas falsas y triviales, mientras el yo, encerrado en si, considera verdadero solo a si mismo. '[...] Extremadamente consciente de si, el yo observa con agudo sentido critico al falso yo, advirtiendo también el peligro de ser invadido por el sistema del falso yo o por una parte de este. [...] Las relaciones consigo mismo se transforman en relaciones pseudo-interpersonales. El yo trata a los falsos yo como si fueran otras tantas personas diferentes, y los despersonaliza. [...] El individuo se construye un microcosmos interior; pero se trata tan solo de un mundo autista, privado, intra-individual, que desde luego no puede sustituir al único mundo que existe realmente, ese que se comparte con los otros."

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